52 CADERNOS DE ANÁLISE E PROSPETIVA CULTIVAR N.º 35 Olival e azeite Los trabajos de mejora serán sin duda una constante en el futuro para atender a diversas demandas del sector. Así, por ejemplo, la irrupción o agravamiento de diferentes problemas fitosanitarios, las amenazas planteadas por los diferentes escenarios de cambio climático y la apuesta cada vez mayor por sistemas de agricultura ecológica indican la importancia de disponer de nuevo material vegetal con características mejoradas. En este entorno de cambio climático también será cada vez más necesario que el olivar del futuro se base en plantaciones multivarietales, sobre todo en fincas de mediana o gran extensión. Dado que todas las variedades van a tener ventajas e inconvenientes, el uso de varias variedades en una misma finca nos va a permitir la diversificación del riesgo ante un escenario climático poco previsible. En definitiva, la aparición de nuevas variedades modernas y más adaptadas a superar los retos actuales de la agricultura representará una herramienta muy importante para incrementar la rentabilidad actual de las explotaciones olivareras y garantizar su sostenibilidad a largo plazo. Asesoramiento y digitalización En la actualidad la agricultura en general, y el sector olivarero en particular, vive una auténtica revolución tecnológica con la implantación de los últimos avances de sensórica y digitalización (Parra-López et al., 2021). Estos avances se han visto acelerados por 2 componentes esenciales: la aparición de nuevos sensores avanzados de bajo coste y el desarrollo de nuevos sistemas de conectividad. En relación con los avances en sensórica, los sensores de última generación van mucho más allá de los tradicionales sensores de humedad o temperatura del aire, desarrollándose sensores de bajo coste capaces de determinar la temperatura del dosel vegetal para identificar de manera temprana el estrés hídrico de los cultivos, o emplear técnicas de visión artificial para identificar plagas o enfermedades con procesamiento realizado por el propio sensor. En relación con los avances en conectividad, esta ha dejado de ser una limitación característica de las zonas rurales con la implantación de redes LoRaWAN que están permitiendo intercomunicar las redes de sensores con servidores ubicados en la nube, logrando un acceso rápido y económico a cualquier usuario y en cualquier lugar. Todos estos avances están permitiendo avanzar hacia una progresiva universalización de la sensorización de la agricultura. La disponibilidad masiva de datos generados por estos sistemas facilitará, a su vez, el desarrollo de soluciones de asesoramiento personalizado basadas en inteligencia artificial, capaces de adaptarse de forma precisa a las necesidades específicas de cada usuario o contexto. Además, la integración de sensores in-situ fijos y móviles con técnicas de teledetección propiciaran el desarrollo de gemelos digitales y plataformas de visualización y análisis, bajo estándares de dato abierto logrando significativos avances en los sistemas de alerta temprana frente a la ocurrencia de estreses abióticos (estrés hídrico, golpes de calor) y bióticos (plagas y enfermedades) y así lograr olivares más rentables y sostenibles. Factores socioeconómicos del olivar: retos para la competitividad y la sostenibilidad El sector olivarero español se caracteriza por una elevada fragmentación estructural, con más de 2.750.000 hectáreas y alrededor de 350.000 explotaciones, de las que más del 60-65 % son menores de 5 ha, lo que limita la capacidad de inversión y modernización (Carmona-Torres et al., 2023). En este contexto, el cooperativismo, que canaliza cerca del 60 % del aceite producido en nuestro país, actúa como un mecanismo clave de agregación de la oferta y acceso a mercados, si bien persiste el reto de incrementar el valor añadido en origen frente a la comercialización a granel (Vilar et al., 2018). A ello se suma el incremento de los costes de producción (20-40 % en la última década), con la recolección representando entre el 30 % y el 50 % del total. Este contexto está generando una creciente dualización entre modelos tradicionales y sistemas de alta densidad, más mecanizados pero también más intensivos en capital. En el plano social, el sector genera entre 40 y 50 millones de jornales anuales, especialmente en Andalucía (más del 70 % del empleo asociado), pero enfrenta un acusado problema de envejecimiento: más del 55 % de los titulares supera los 55 años, mientras que menos del 10-12 % tiene menos de 40 años. Este desequilibrio compromete el relevo generacional y está condicionado por factores como la baja rentabilidad, la volatilidad de precios y las barreras de acceso a la tierra. En el ámbito de mercado, España es el principal productor mundial de aceite de oliva, con una producción media en torno a 1.2 millones de toneladas en los últimos años (≈45 % del total mundial), destinando más del 60 % a la exportación. No obstante, el sector presenta una elevada volatilidad de precios, con fluctuaciones que en determinadas campañas han superado el 100 %, generando una notable incertidumbre en origen, a pesar del creciente dinamismo de los segmentos premium, ecológicos y diferenciados por origen. En este contexto, las figuras de calidad (más de 30 DOP) permiten incrementos de precio del 10-30 %, aunque su penetración internacional sigue siendo limitada, lo que
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